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Lavallol

Lejos de su hábitat natural, Jorge había recalado en Lavallol.

Para verlo había que hacer un largo viaje. Ricchieri, Camino de Cintura para llegar a un "hogar" modesto, muy modesto.

Su espíritu seguía luchando contra las injusticias, aunque en esas noches en soledad, seguramente la angustia, la depresión se adueñarían de él.

Cuando me quedé con mi familia sin un lugar de vivienda, un amigo me consiguió una casa que estaba desocupada en un taller perteneciente a la fabrica textil Amat en Monte Grande que estaba entre las tres mas importantes del país y llegó a dar trabajo a mas de mil personas. Al lugar donde fui a vivir lo llamaban el tallercito porque en relación a la fabrica lo era. Pero este “tallercito”, que se encargaba de la fabricación de repuestos y el mantenimiento de todo el complejo industrial ,comprendía una manzana y trabajaban casi cien personas. Es decir que el fondo de mi casa estaba separado, por un portón corredizo, de enormes galpones llenos de gente trabajando.

Llegaste a principio de los 90.

Claro, al comienzo del gobierno de Menem, cuando volvieron a producirse los mismos picos de hiperinflación que habían volteado al gobierno radical. La situación era dramática: a la semana de haber cobrado a nadie le quedaba ni para morfar. Aprovechando la experiencia con la cooperativa de alimentos que desarrollamos en la Paternal, la propusimos al grupo que la puso en marcha. Ni bien se cobraba invertíamos casi todo en alimentos para el mes. Al poco tiempo comenzaron a participar vecinos y se fueron ampliando los rubros como artículos de limpieza y tocador. Logramos que se permitiera el uso del taller durante sus horas ociosas. También se organizaron propuestas para que participaran sus hijos, como talleres de computación. Fue increible como se potenció la creatividad .

Pero claro, mientras este taller florecía la fabrica se derrumbaba, al igual que el resto del aparato productivo . Así fue como un buen día declararon la quiebra, echaron a todo el mundo, pusieron fajas de clausura a las puertas y de buenas a primeras me encontré solo con mi mujer y tres hijos, en medio de la opresión de los enormes galpones ahora vacíos, esperando el momento en que vinieran a desalojarnos. Yo sentía el desgarro de ver como una vez mas había que renunciar y dejar atrás todo lo construido, igual que con el Expreso y el Centro Cósmico. En este caso la cosa era mucho mas dramática porque los compañeros , la mayoría por su edad, no conseguirian trabajo en ningún lado. Yo siempre anduve en la calle y

desarrolle mecanismos de defensa, pero ellos quedaban en el desamparo mas absoluto y me pareció una traición irnos sin dar batalla.
Esta duró cuatro años desde que tomamos la fabrica con doscientos obreros y la transformamos en una cooperativa hasta el momento en que lograron rematarla.

Osvaldo Quintana - Revista El Colectivo

Jorge y Joaquín Amat

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