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En agosto de 1972, Jorge Pistocchi se sentó frente a una máquina de escribir por primera vez en su vida. Tenía veintidós años y ya había conseguido algunos trabajos como escultor. Hasta ese momento no tenía ningún interés en el periodismo. Se había criado en la calle junto a Miguel Abuelo y las cosas que había visto y escuchado no tenían lugar en los diarios y

revistas. Su amigo Luis Alberto Spinetta solía insistirle para que lo acompañara a la redacción de Pelo, y allí mantuvo largas discusiones con Daniel Ripoll, el director de la revista, al que acusaba de mostrar una cara del rock que “ignoraba la realidad”. Ripoll le ofreció una columna para que dijese lo que pensaba. Entonces comenzó a escribir sobre la necesidad de que poetas y artistas sean los encargados de hacer estallar un sistema que agonizaba. Exclamó que el rock debía transformarse en el catalizador de experiencias que conducirían hacia la libertad del cuerpo y la mente. Escribió sobre el fascismo y la ecología, sobre la posibilidad concreta de que en poco tiempo se acabara la vida en este mundo. Unos meses después de haber comenzado aquellas editoriales le propusieron dirigir su propia revista. No tenía ninguna experiencia, pero estaba convencido de que debía hacerlo.

Informe: Diego Fernández Romeral

En 1972 comencé como periodista para la revista Pelo. Yo estaba más relacionado con las artes plásticas; las circunstancias me habían acercado al arte a través de la escultura. Antes de eso, no había escrito nunca. Tenía muchas faltas de ortografía y me daba vergüenza. Si escribía una carta, la hacía revisar porque era un desastre. También tenía un poco de dislexia y entonces me costaba. En Pelo me dijeron: “Tomá media página y escribí lo que quieras”. Y empecé con bastante éxito, me respondía mucha gente. Sentí  que tenía un fierro caliente en la mano, porque tenía que empezar a escribir; pero sentí, a la vez,  un compromiso con lo que hacía. Fue un fierro caliente porque ahí, desde una posición independiente, te ponías de enemigo con mucha facilidad a todo el mundo. Si decías ciertas cosas, eran aceptadas; si decías lo que pensabas, no. Yo decía abiertamente lo que pensaba y tenía mucha repercusión por eso, por hablar de temas que nadie se atrevía. Era un momento en el que tenías que estar o de un lado, o del otro. Era un tiempo muy difícil para decir con libertad lo que uno pensaba. Yo hablaba sobre la realidad de ese momento desde el punto de vista del rock and roll. Lo que en ese momento significaban los rockeros es tal vez muy difícil entenderlo desde esta realidad, porque había un marginamiento muy abrupto. Cometer cualquier transgresión estaba muy mal visto por la gente. En Pelo también dibujé una historieta y me entretenía mucho hacerlo.

http://anccom.sociales.uba.ar/

La historieta y las columnas de opinión están extraídas de la web de la revista Pelo: http://www.revistapelo.com.ar/

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